20 de enero de 2009

La fórmula Omega. Una de pensar, de Rafael Reig

Hace un tiempo que sigo con mucho entusiasmo lo que Rafael Reig publica en la red, en su blog (que encuentro fantásticamente reflexivo, divertido y tierno) o en las Cartas con respuesta en Público (habitualmente divertido, no siempre tan reflexivo y, por descontado, poco tierno). Y aún así, me recaba mucho coger una novela suya. 

Fíjense:
“Hay poemas como largas tormentas: dejan demasiados charcos.”

“Leeremos a escondidas, como se debe leer: con placer culpable, con corazón alegre, sobresaltado e insurrecto, y para ir al infierno de cabeza.”

“Como suelo decir, para pensar hay que arriesgarse a no tener razón.”
“De Cali recuerdo el colegio, la casa, la colección de sombreros de mamá, una vez que jugaba en un parque, un libro de aventuras que leí una noche.

Me recordaba a mí mismo leyéndolo al lado de una ventana, pero hace unos años encontré el libro y me di cuenta de que ésa era una ilustración del propio libro (un niño leyendo bajo la ventana). Me había convertido en personaje de cuento.

-Cuando yo leía de niño libros ni se me pasaba por la cabeza hacerme escritor -explicaba el otro díaOrejudo en la universidad de los Andes-. Lo que yo quería era ser personaje. Yo quería ser Julián o Dick, tener mi perro Tim, y un viejo cobertizo, y merendar pastel de carne y cerveza de jengibre, pero mi madre no me la daba. En los años sesenta, en la calle Sáinz de Baranda, no se conseguía con tanta facilidad cerveza de jengibre. Un niño que lee quiere ser un personaje, es que ni se le pasa por la cabeza identificarse con el autor. ¡Cómo iba yo a identificarme con Enid Blyton, coño, tendría que haber sido un pervertido!

Sólo con los años uno se resigna a ser el autor, qué remedio, cuando comprueba que es imposible vivir aventuras con viejo cobertizo y cerveza de jengibre (que no es más que ginger ale, según deduje hace poco).”
(Espero que me perdonará el autor que no ponga más que un enlace a los artículos de los que extraje las frases, porque tengo la fea manía de conservar las frases anotadas pero no las referencias.)

Lo que quiero decir es que tengo la sensación de que escribe en píldoras concentradas. Ideas bien apretadas y envueltas en pocas palabras, son casi como viñetas de cómic. Son ideas a las que sólo les falta ponerse en pie y echarse a andar. 

Mi miedo era que 190 páginas de Reig me dieran un empache. 

Pero una no siempre controla sus lecturas y a veces acabas abriendo un libro como por casualidad. Por esta casualidad de visitar a un amigo y que te meta el libro en el bolso. La fórmula Omega. Una de pensar. Y mira que no lo parece. No lo parece porque no tiene esa pinta sesuda, no tiene miles de páginas y además la portada tiene color amarillo, que no es color de novela de pensar. No lo parece porque hace gracia y tiene esta forma de hablar y decir como quien no quiere la cosa. Pero sí. Va de pensar. Quiero decir que yo paseaba por el libro tan tranquila cuando de repente, a eso de la página 70, me di cuenta de que había que poner más atención. Había que leer en los márgenes, en el espacio que queda entre las letras y el borde de la hoja, y también en los pocos segundos que uno tarda en girar la página, porque justo cuando no miras es cuando pasan las cosas importantes. 


Normalmente, que me pase esto, que un libro exija mi atención hacia la mitad en lugar de llamar mi atención desde buen principio, es motivo suficiente para que lo abandone. Como este venía tan bien recomendado, le di una segunda oportunidad. Lo volví a empezar (no lo había hecho nunca, volver a empezar un libro, pero yo siempre estoy aprendiendo a leer). 

De manera que me senté bien, me recogí otra vez bien el pelo, y volví a abrir la “Carta de Ajuste”. O sea, el Capítulo Cero, atenta Eva, sintoniza, que te cuento de qué va eso.
La idea original del grupo de docentes partía de un hecho conocido: que la vida, esta vida, resulta inaguantable para la mayoría de las personas.

Sus investigaciones revelaron que lo que hacía la existencia tan difícil de soportar no eran las adversidades, como se había creído hasta entonces. Al contrario, comprobaron que las personas eran capaces de sobreponerse a n+1 magnitudes de tragedia. Enfermedades, muerte de seres queridos, irreparables pérdidas materiales y morales, bancarrotas, divorcios, conflictos bélicos..., lo mismo daba. Siempre salían adelante.

A lo que no sabían cómo enfrentarse, en cambio, era a la vida corriente de todos los días. No podían con ella. Curioso, ¿verdad? Pues los experimentos no dejaban lugar a dudas: era la vida lo que no tenía arreglo.

La propuesta del grupo informal consistía en convertir a la totalidad de la población en agentes secretos. A cada individuo se le asignaría una peligrosa misión y una falsa identidad para llevarla a cabo. Según sus hipótesis, si alguien actuaba, por ejemplo, como albañil, en lugar de ser de hecho albañil, no se sentiría tan descontento de sí mismo. Ventaja adicional (que no pasó inadvertida al DS): a un agente secreto no se le iba a ocurrir nunca ponerse a organizar una huelga. El albañil de nuestro ejemplo viviría su vida corriente (inaguantable), pero lo haría por motivos de seguridad (con el entusiasmo que despiertan las auténticas aventuras).
Y esta viene a ser un poco la idea. Unas cuantas historias, a cuál más disparatada, que van tomando sentido (o perdiéndolo definitivamente) a medida que se van entrelazando y encontrando. Con habilidad, con sentido del humor, y con este estilo que les contaba: ideas en pocas palabras y sin acabar de desarrollar, como para dejarte espacio para pensar, ideas aparentemente poco ordenadas, como una sobremesa demasiado larga, de esas que cuando te vas con tu pareja en el coche todavía vas discutiendo algunas de las ideas que has recogido del mantel manchado de café y cava. 


De hecho, resumir la novela me es totalmente imposible. Es demasiado complejo. Si me preguntas de qué va, no lo sé decir. Hay una revolución en la televisión. Los personajes secundarios han tomado el país por la fuerza, ahora imponen sus leyes, han decretado la abolición de los primeros planos, y los personajes protagonistas, incluso los secundarios resultones que les seguían el juego por unos minutos más de pantalla, son perseguidos y se tienen que exiliar en Madrid, que es un lugar lleno de telespectadores, esos seres incomprensibles y medio ciegos, tan cocodrilos, tan primitivos, que viven sin banda sonora, sin saber si este preciso instante está determinando su futuro para siempre, sin imágnes ralentizadas que les indiquen que la camarera que les sirve el café ahora será la madre de sus hijos. En el Madrid de los telespectadores, los habituales de Club Gambito de Dama, comandados por Don Claudio Carranza von Thurns, Maestro Internacional de la FIDE, buscan, como todo el mundo (incuyendo a la CIA), la Fórmula Omega, la que ha de desvelar todos los secretos, la verdad definitiva, que por lo visto estaba escondida en el ADN de Cristo que la humanidad dejó perder por tontos y de nuevo en los movimientos de las negras de una partida de ajedrez, ahí tan tranquila, esperando a ser encontrada. Enmedio de todo esto, el pobre antihéroe Antonio Maroto, que juega solo a ajedrez y compone problemas de mate en tres, se une al Club en la búsqueda, que acaba teniendo una inverosímil relación con los revolucionarios de la televisión. 

¿Han entendido algo? Pues por esto en la página 70 tuve que volver a empezar. 

Y aún así, excesivamente compleja, artificiosa, se diría, me ha gustado bastante. Porque algunas ideas me parecieron transgresoras (¿lo son?), porque efectivamente me hizo pensar y me dejó espacio para hacerlo, y porque es muy muy divertida. Reconozco que no recomendaré esta novela con el entusiasmo con el que me vino recomendada. Pero les diré que si caen en ella por casualidad, abran bien los ojos y agárrense, que vienen curvas. Ah!, insisto, no se pierdan el blog de Reig.
 

1 comentario:

  1. La relectura a mitad de camino. Sería como decirle al taxista que te lleva que pare, que vuelva al punto de origen y que empiece de nuevo, porque su teoría conspiratoria sobre el tráfico de la ciudad no te ha quedado clara. ¡Fantástico!

    Como fantastica es la novela de Reig. Hacer pensar, objeto y mito de la novela. Me decían que no te iba a gustar pero ahora... ¡Se van a enterar!

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