23 de septiembre de 2007

Después de la boda, de Susanne Bier

después de la boda
Con las primeras escenas, rodadas en las calles de la India, uno ladea la cabeza y fija su atención en esta aparente extraña cinta danesa. Un cooperante que ayuda en un orfanato a punto de cerrar, recibe la llamada de un magnate que desea realizar una donación de 4 millones de dólares a cambio de una visita a Dinamarca y la asistencia a la boda de su hija. Una película rodada al estilo Dogma que se centra en la aparición de secretos del pasado que esconden los personajes principales y la situación por la que atraviesan. Un argumento y similitud estética que no puede pasar por alto un enorme parecido, casi plagio [guiño, guiño –Teddy Bautista– guiño, guiño], con la piedra angular del cine Dogma, “Celebración”, aunque poco a poco “Después de la boda” construirá su propia espacio.

Jacob, el cooperante, se ve envuelto a la primera de cambio en un tremendo follón. Lo que él creía que sería la típica foto acalla-conciencias de un rico realizando un gran donativo, deriva en un encuentro con las piezas perdidas de su pasado. Aunque algo previsible a los primeros intercambios de miradas entre dos de los protagonistas, el argumento se revela en pequeñas cápsulas para que el espectador pueda ir dosificando la historia en su justa medida al tiempo en que realiza la cuadratura del círculo. Demasiados culebrones y telefilmes para no efectuar los cálculos mentales que muestren el camino por el que transcurrirá el drama. Más aún cuando Susanne Bier, directora de la película, no pierde ni un instante en ir sirviendo un poquito más de aquello que quiere mostrarnos cada vez que resuelve una de las historias que esconden los personajes.

En el párrafo anterior ya hemos hecho una mención a las miradas. Puede que esa sea la nota más destacada de la película, muy por encima de la narración equilibrada o la cuidada estética del movimiento en el que se autoubica. Las interpretaciones de estos desconocidos (para el gran público internacional) actores, poseen una calidad en cada uno de sus matices que no pasan inadvertidos en ni una sola de las escenas (más cuando hace un uso y abuso del primer plano al rostro). Manejados hábilmente por la directora, los silencios nos muestran el compromiso de un abrazo entre dos desconocidos, la explicación a un todo que justifica lo estúpido de una vida injustificada, lo arriesgado de un error, los sentimientos desbordados al llegar a la línea de no retorno, la desesperación de aquello que se espera, las dudas por aquello que se imagina…

Interesantísima película que se escapada de lo más comercial que asola nuestras pantallas aunque no renuncia a una estructura made in Hollywood para no perder el tirón del público menos experimentado en este tipo de género. Un argumento sencillo más propio de un culebrón que de una película de culto, que sin embargo, plantea el drama, la traición y la reconciliación con tanta naturalidad, que esta autenticidad hace que los momentos sentimentales y lacrimógenos no resulten extraños. Una narración lineal que mantiene en todo momento la coherencia que termina por convertirse en una violenta sinceridad que no deja indiferente a nadie. Para lo más reticentes, y a modo de ayudar en la recomendación de esta película, recordaremos que estuvo nominada al Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa, que le arrebató una de las últimas obras maestras que hemos podido ver (“La vida de los otros”). Además de cosechar éxitos en distintos festivales de cine independiente, lo que para las personas que buscan este tipo de cine, es toda una garantía.

1 comentario:

  1. No conocía este film y ahora me ha dado un poco de curiosidad por verlo. Saludos y muy buena tu crítica!

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