
Y es que como digo, las historias de nazis en la Segunda Guerra Mundial son de lo más agradecidas en el cine. Si planteo el mismo desafío que un conocido mío, la respuesta seguramente será unitaria, a saber: ¿qué parte de Indiana Jones es la que menos les gusta? Si han elegido la segunda parte se darán cuenta que es la única en la que los nazis no aparecen. Sí, son los mejores malos que podríamos encontrar para cualquier argumento. Y “El libro negro” no es una excepción. Sin embargo, y a diferencia de la mayoría de las películas estadounidenses en la que aparece el ejército nazi y un grupo de valientes aliados luchando contra todos ellos, en esta ocasión, los alemanes no parecen estúpidos. Aunque sí se molesta el director en mostrar la decadencia en los últimos meses de la guerra de los oficiales nazis. Un toque de depravación, sexo lujurioso, desorden, conspiración y avaricia. Y es que este último defecto es el que envuelve todo el argumento. La miseria humana que hurga en la desgracia para obtener el más dorado de los deseos que codiciamos, y que no es otro que el vil metal. La caída del Imperio Roma actualizada a 1945.

Como ya se ha dicho en el primer párrafo, es la vitalidad de la protagonista la que tira de todos los espectadores para llevarlos al complicado mundo de los espías. Una magnífica interpretación de Carice van Houten que se regala a los espectadores en cada escena en la que aparece. De hecho la película casi parece más hecha para su lucimiento que para el relato de la dramática historia. Secundada por el alemán Sebastian Koch, que en un papel menos agradecido que en “La vida de los otros” clava la frialdad nazi en el planteamiento del dilema moral que se le presenta y que resuelve en una mirada en los ojos de la protagonista. Dentro de la resistencia destacan tres papeles fundamentales para el desarrollo de la trama, el anciano Dolf de Vries, el combativo Thom Hoffman y el jefe Derek de Lint. Todos ellos encierran el misterio de “El libro negro”, la solución sólo la encontrarán minutos antes del fin de la película.

A mi me pilló con el pie cambiado, pero se agradecen ciertos giros de Paul hacia un cine un poco menos suyo.
ResponderEliminarSalud!
Mucho menos suyos, diría yo.
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