4 de marzo de 2007

Juegos secretos, de Todd Field

Juegos secretos”, de estructura similar o muy similar a “American Beauty”, no tanto en el argumento como en el fondo y en la forma. Coincide con la de Sam Mendes en fijar sus atención en todo aquello que la sociedad no muestra en un primer plano, los deseos, los anhelos… la personalidad real de los miembros de la típica comunidad de vecinos de un barrio residencial que mantienen una fachada para construir desde ella y hacia el interior de sus hogares, su mundo. Una ama de casa reflexiva en un entorno de mujeres de recta moral, un hombre ama de casa (desconozco si “amo de casa” es un término correcto, no es cuestión de sexismo) que no encuentra su espacio ni el de su hijo, un policía perturbado y agresivo pero en el lado de los buenos y un obseso sexual, que acaba de salir de prisión y que vive son su anciana madre en el vecindario perfecto. Una serie de piezas que responden a determinados estereotipos cuyo desarrollo se completa con unos papel secundarios perfectamente construido e identificables, como en una de las primeras escenas en las que las típicas vecinas se preguntan, junto a la protagonista, la identidad del hombre que ellas llaman “El rey del baile” y que no es otro que el protagonista masculino, el amo de casa, al dirigirse Kate Winslet hacia él, se apuestan cinco dólares si consigue su número de teléfono. Ambos establecen una conversación de los más sincera y directa a pesar de ser desconocidos (quizás se confirma que la sinceridad es mayor entre desconocidos porque no hay nada que perder ni se teme reproche alguno), consiguiendo ella un abrazo, un beso y la censura escandalizada de todas sus amigas, que huyen al tolerar la fantasía con ese desconocido pero no el paso a la realidad. Más que evidente estas primeras escenas de por donde caminará el resto de la película.

Una dirección, la de Todd Field, muy en la línea de lo recomendado para este tipo de películas (y en la suya propia, repitiendo la misma estructura que ya realizarán en su anterior película, “En la habitación”). Con un ritmo lento, pausado, en una estética en la que todo lo secundario se deja en un seguidísimo plano para potenciar las historias principales. Historias que se iluminan como si se tratase de un porta en un microscopio, con el ojo del espectador a punto de escrutar la vida de esa comunidad. E incluso dándole un cierto toque poético, que se agradece. Diremos, que si este tipo de películas no gusta, tampoco lo hará “Juegos secretos”, bastante inferior a “American beauty”, tanto en la radiografía de la personalidad de los protagonistas, como en el planteamiento de los momentos finales, en el que se intenta encontrar un especio para la redención y la condena, sin que se note el premio o el castigo. Y ahí falla.

Respecto a los actores de este drama romántico (así se clasifica esta película en la cartelera) destaca, como siempre o casi siempre, la Rosa de Inglaterra, Kate Winslet. Con un interpretación llena de matices, completando en sus silencios lo que no dice en sus diálogos. Qué buenos son los actores y las actrices que diciendo poco dicen mucho. Respecto a su pareja, Patrick Wilson, a la altura, pero sin grandes despliegues. Mucho más acertada es la participación del Phyllis Somerville, madre del enfermo sexual del barrio y que tiene uno de esos papelitos tremendamente jugosos. La mujer del protagonista, la increíble Jennifer Connelly, resulta insustancial, como su interpretación, que pasa del todo inadvertida. Y ya es mérito.

En suma, una película de revisión de la cara “B” de la sociedad que no termina de profundizar. Aunque es una de las más interesantes de los últimos tiempos, en las que el cine cree que por presentar personajes a cual más raro se hace una crítica brillante, cuando en la vida real la gente, dentro de sus particularidades, es mucho más normal de lo que nos creemos.
En fin, y para no perder la tradición... [guiño, guiño -Teddy Bautista- guiño,guiño]

1 comentario:

  1. Para mi plantea bastante bien una de mis obsesiones favoritas: lo que diferencia a los niños de los adultos. Creo que no profundiza, pero si que el ritmo pausado te permite ir dándole vueltas durante toda la peli.
    Si nos fijamos bien, estamos rodeados de niños que hace muchas décadas que pasaron los 18...
    Salud!

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