13 de mayo de 2008

Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez

Son pocos los escritores que cuentan con la bendición de publicar un único libro y triunfar de lo lindo. Y pocos son los que pueden decir que su gran éxito ha llegado pasados los sesenta años de edad. Menos aún los que pueden añadir la trágica historia de morir pocos meses después de publicar este primer libro. Ya, como final, son escasísimos los casos en los que además de todo esto, la obra tiene una enorme calidad. Sí, tristemente, la matoría de estos primeros pelotazos editoriales encierran un buen trabajo de marketing o todo un talento desbordado y finito que nunca vuelve a repetirse en un segundo libro.

Los girasoles ciegos” reúne cuatro relatos cortos que giran alrededor de la postguerra civil española. Evidentemente, se trata de relatos que se centran en cuatro historias de cuatro derrotados (de hecho, enumera sus relatos por derrotas). Nada como el bando de los muertos, y no de los caídos, para mostrar las más profundas reflexiones. Presentando a personajes más o menos identificables, Méndez da buena cuenta de miles de historias que se sucedieron en los años inmediatos al fin de la Guerra Civil. Es la sencillez con la que los presenta, su absoluto manejo de una realidad dramática, la que hace que comprensible lo irracional. No es poco el mérito de este autor.

La primera derrota es la del capitán Alegría. Un hombre de firmes convicciones que lucha en el bando nacional y que desde su trinchera divisa un Madrid a punto de ser vencido en su resistencia. Justo antes de que ese momento llegue, Alegría traspasa las líneas enemigas y se declara rendido al bando republicano. Las razones que esgrime no son otras que el deseo de no permanecer ni un día más en un ejército que no quiere ganar la guerra sino aniquilar a su adversario. Esta razón de ser le lleva a la incomprensión del bando republicano, que no entiende como un soldado de un ejército vencedor se rinde a uno vencido, y del bando nacional, que tras la conquista de Madrid, juzgará a un desertor, condenándole a una muerte que no termina de aliviar su pena. Será en la segunda derrota en la que cambiará el modelo de relato lineal para introducir una narración directa a través de las páginas de un diario. Un joven huye en 1940 camino de la frontera, junto con su mujer embarazada. Las montañas asturianas dan cuenta del nacimiento de un bebe y la muerte de una madre en lo más profundo y asilado de una cabaña en torno a la que establecerá sus reflexiones más íntimas. Desde el aceptación de su propio hijo hasta la preparación de su muerte. Probablemente sea el relato en el que la Guerra Civil se encuentre presente de un modo más descarnado a pesar de permanecer en un segundo plano.

La tercera derrota se ubicará en lo profundo de una cárcel donde los prisioneros son sometidos a consejos de guerra. Juicios sumarísimos con un mismo destino, la muerte. El coronel al cargo de este sombrío tribunal pregunta siempre, a todos aquellos que van a ser ajusticiados, por un joven prisionero de las cárceles republicanas. Sólo Juan Serna identifica al joven y afirma conocerle. El interés del coronel no es por otro que por su hijo. Muerto por el bando republicano tras ser condenado por cometer distintos delitos. Penas que Juan Serna obvia, transformando al hijo del coronel, un vulgar ladrón y asesino, en un héroe para la nueva patria. Un héroe para el coronel y su esposa. Hecho que permite al soldado republicano prolongar su vida y mostrarnos el día a día de una celda hacinada en una fila de hombres que sólo esperan ser nombrados para subir a un camión con un destino conocido. Por último, en su cuarta derrota, Méndez nos cuenta el transcurrir de una familia en una opresiva condena a muerte que se cumple en vida. Rompiendo con el relato lineal, la historia es narrada por las cartas que un diácono escribe a su confesor y en las que relata su más intenso pecado, cruzadas por los recuerdos del hijo de la familia protagonista, sin perder el transcurso de la acción contada por el autor y que termina confirmando lo que antes nos han contado los otros protagonistas.

La compilación de estos cuatro relatos responde a la intención de mostrar la postguerra española en cuatro actos. En cuatro matices, diferentes, pero con un mismo destino. Aún tratándose, así reza la publicidad y la mayoría de las críticas leídas, de relatos nada guerracivilistas, el peso de los hechos es tan evidente que no escapa. Sin embargo, es en el relato en el que presuntamente la guerra y los años de la postguerra pierden más su presencia, el de la segunda derrota, en el que la irracionalidad de lo vivido se muestra con mayor fuerza. Méndez, del que nunca sabremos si habría repetido un segundo éxito, tiene un perfecto dominio de la prosa. Sin embargo, quizás le falta ritmo a algunos tramos. Del mismo modo en el que presenta unos personajes excesivamente estereotipados. Es cierto que los personajes, más si se trata de un relato corto, de cualquier obra literaria, presentan unas características que les hacen perfectos para protagonizarlas. Pero que todos los protagonistas sean tan extremadamente reflexivos, racionalizando cada uno de sus sentimientos, es un mérito difícil de esconder. Y no es que al final no exista asomo para la venganza, el final buscado, por ejemplo, en el tercer relato, es tan racional que merece pasar a la historia de las grandes venganzas de la humanidad.

Desde la publicación de “Los girasoles ciegos”, el boca a boca y las buenas críticas, acompañaron el respaldo del público. Poco después llegaron los primeros premios literarios que se acumularon hasta obtener, de forma póstuma el premio de la Crítica y Nacional de Narrativa. En la actualidad, José Luis Cuerda tiene pendiente el estreno de una adaptación cinematográfica de estos cuatro relatos.

5 comentarios:

  1. Muy buen libro. Completamente acertada su entrada. El boca a boca ha hecho que se venda mucho y que llegue al cine incluso (además, por Cuerda y no los mojigatos de siempre). De los cuatro relatos me quedo con el primero -de tremenda crudeza moral y emocional- y el tercero -un sherezade en la Guerra Civil.

    Pocos sabrán que la lectura de este libro tiene mucho que ver en el nombre de uno de nuestros blogs. Pero es que somos influencia viva.

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  2. Qué intereante libro el que nos traes. No lo conocía y parece ser de lectura atrapante. Saludos!

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  3. El libro es, sin lugar a dudas, emotivo y fascinante. Emotivo porque uno no puede dejar de sustraerse a todo cuanto relata, y para los de lágrima fácil (como servidor de ustedes), supone algo bochornoso cuando explota en llanto mientras lo va leyendo en el metro. Fascinante, porque no se me ocurre otro adjetivo para describir el entusiasmo con el que leí las 4 historias en mis trayectos del metro.

    Gracias a la persona que me lo regaló

    Salud

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  4. Yo leí el libro hace ya más de un año, y la verdad es que lo conocí al ver un programa de libros de la cadena autonómica dedicado al mismo. Como a el_situacionista, el cuento que más me gustó fue el tercero.

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  5. Coincido con el_situacionista y C.C. Buxter, el mejor relato es el terero, aunque el que más fama ha alcanzado es el segundo por su "romanticismo". Y fuera de la crítica-entrada, y si se me permite, decir que el cuarto relato es un pegote al libro, por mucho que esté trabajado el texto hasta el último punto.

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