24 de abril de 2007

Nicholson, el careto de la bestia

[Publicado en El Mundo, 23 de abril de 2007]

Por Borja Hermoso

El domingo día 'veintidósdeabrilaguasmildedosmilsiete' cumplió 70 zapatazos uno de mis amores fílmicos incondicionales. No tengo muchos. Algunos, sí. Y como la cifra de 70 es así de redonditamente conmemorativa —aunque no me negaréis que la anterior tampoco está nada mal, aunque no precisamente en lo conmemorativo, ejem—, voy y me largo el panegírico que sigue. Aviso: la cosa va de cine. Que nadie se me mosquee antes de tiempo. Hoy escribiré de cine y hasta nombraré películas. Un lujo. Eso sí: no son estrenos. Para eso, os remito a otros blogs y webs, que los hay y buenos.

Siempre he creído que Jack Nicholson es, más que un actor, un género en sí mismo. Me explico. O lo intento. Quiero decir que a mí, particularmente, siempre me gusta ver a este ograzo en una pantalla. Es aparecer su tormentosa jeta en la pantalla —en sus versiones 'cabronazo redomado' o 'tipo peligrosamente ambiguo'— y yo hala, a gozar, a gozar. Para mí es algo inexplicable, lo de Nicholson, va más allá de la mera dimensión del actor de cine, pisa terrenos tan arriesgados que, de no ser tan jodidamente bueno, a menudo sería patético. El caso es que nunca me lo ha parecido.

Tengo una hermana a la que, aparte de adorar igual que a la otra hermana que también tengo, le presto oídos cuando dice cosas, porque las cosas que dice suelen ser, por este orden, originales, contundentes, divertidas. Le gusta el cine, y dentro del cine, le gustan mucho ciertos señores, y entre ellos está Jack. Entre esas cosas que dice mi hermana hay una que es la que viene a cuento aquí: "Yo, en la vida, quiero llegar al punto de locura de Jack Nicholson". Igual da que le intentes convencer de que lo de Nicholson es mentira, porque a eso se dedican los actores, a mentir, unos genial, embrujadora, desarmantemente, otros sin puñetera gracia ni dote. "No, no, es que él seguro que es así", me contesta cada vez que le hago ver lo transitorio de sus neuras (de las de Jack). Y la verdad es que, al final, mi hermana me ha hecho dudar, porque a lo mejor, resulta que sí, que este tío es así. Y esa duda me hace disfrutar todavía más de él.

Y sé que algun@s ya estáis masajeando el teclado para decir cosas relacionadas con el pasote histriónico del monstruo, de su eterna exageración, de su pose y de su escasa capacidad para hacer cosas reposaditas, y tal y cuál. Me da igual. Los amores incondicionales lo son porque hace tiempo quedó demostrado que, pese a todo, la cosa siempre merece la pena. Yo, a lo mío. A Jack.

Jack me ha hecho reír como un poseso ('Mejor imposible', 1998, y no debí de ser el único, porque ganó el Oscar). Me ha hecho reír con hipos (ese padre viudo y extraviado de 'A propósito de Schmidt', 2002, que se echa a dormir en la cama de agua y acaba con el cuerpo molido y la mente anulada...). Me ha hecho sonreír y reír alternativamente ('Cuando menos te lo esperas', 2002, con la gran, gran, gran Diane Keaton y el pesado de Keanu Reeves). Me ha acojonado literalmente en 'El resplandor' (1980), porque me creí que la pesadilla real de Shelley Duvall en aquel hotel de montaña no estaba sólo en la cabeza de su personaje, sino tambièn en la del propio Nicholson: no en la del enloquecido escritor y padre de familia Jack Torrance, sino en la de Nicholson... pero esto deben de ser cosas mías y de Stanley Kubrick. Por cierto, yo, que hace poco lamentaba por aquí la escasez de buen cine de terror, defiendo esa película delante de quien sea menester. Hasta delante del Boyero enmascarado, que la odia cordialmente, lo mismo que casi siempre odia a Kubrick, a quien yo casi siempre adoro. Bueno, de eso hablamos otro día.

Jack me ha metido la desazón en el cuerpo con el rebelde y peligroso Randle Patrick McMurphy, inquilino indeseable del sanatorio mental de nomeacuerdodónde, en 'Alguien voló sobre el nido del cuco': otro 'peaso' Oscar. ¿Y qué digo yo aquí de 'Chinatown', 'El cartero siempre llama dos veces' o 'El honor de los Prizzi' que no resulte idiota? Mejor me callo. Y lo mismo hago respecto a la hidra mafiosa de 'Infiltrados'. Y sí, lo admito, 'Las brujas de Eastwick' no está entre las tres o cuatro mejores pelis de la Historia. Pero a mí me cruje. Y veo y reveo y reveo y me divierte y me regocija y me descoloca 'Mars Attacks!', en la que el genial Tim Burton pintó un papel de presidente sicópata de los EEUU exclusivamente pensando en 'Big Jack'. Lo mismo que el 'Joker' de 'Batman'. Burton ha sabido en esas dos películas extraer la inacabable dimsneión icónica del careto de Jack Nicholson.

Como Hitchcock, como Louis de Funes, como los cómics de Nicolas de Crécy y de Will Eisner, como mi pobre Real Sociedad o como el foie de las Landas, lo mío con Jack Nicholson es cuestión de militancia.

Setenta años ya. Angelito. Una vez me pasé tres días, tres, esperando a que un agente que trabajaba para él me llamara al periódico para decirme cuándo hacíamos la entrevista telefónica. Hasta hoy. 'Nasti de plasti'. No hubo entrevista. Ni siquiera llamada. Fueron tres días de tembleque y pirrilera. Pero, con retraso, sin rencor y con toneladas de admiración, este fan disfrazado de periodista y de bloguero le dice a la bestia: 'japiberzdeituyú' y que cumplas muchos más. Sigue dando caña.

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