1 de marzo de 2010

Ubik, de Philip K. Dick

Ya que estamos, pues nos pondremos a escribir del último libro que leí. Se trata de Ubik, una de las mejores novelas de ese autor que ustedes reconocerán por grandes obras de la ciencia ficción como "El hombre en el castillo" o "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" que sirvió como base de ese pestiño de película (lo reconozco, nunca fui capaz de verla sin dormirme) llamada Bladerunner, entre otras. En esta ocasión, el bueno de K. Dick nos perturba con una aventura más allá de la muerte. Y digo nos perturba, porque mientras se lee uno no sabe dónde nos quiere llevar este señor, porque cada capítulo comienza con un anuncio comercial de un producto maravilloso que no sabremos qué es hasta las páginas finales y porque a base de perturbar, nos convertimos en perturbados, si es que antes no lo estábamos.

Sin ánimo de hacer spoiler y como seguro que más de uno tendrá ganas de echarle una ojeada no haré mención a su argumento, pero sí quizás una reflexión acerca de por qué libros como el que estoy comentando hacen que nos olvidemos por un momento de lo que vivimos y hagamos echar la mirada un poco más allá de lo que tenemos enfrente. Probablemente alguien me dirá que para eso es la literatura, y no le faltará razón. Mis queridos convecinos de blog, ávidos lectores y muchísimo más informados que un servidor les podrán hablar maravillas de ese autor africano, serbo-croata, o tal o cual autor clásico y de lo que con sus obras les habrán inspirado. Nunca les faltará razón. Tal o cual libro te puede llevar a vivenciar (si existe tal palabra) experiencias humanas basadas en la realidad. Mucho más complicado, a mi juicio y sin desmerecer al resto de la literatura universal (válgame Odín), es crear universos a partir de premisas que ni tan siquiera pueden ser reproducidas a escala técnica en el momento en el que vivimos. Aquí es donde haré apología de la Ciencia Ficción y esa será la base de mi argumento. Crear unas máquinas que mantengan la vida en suspensión, con la capacidad de poder comunicarse con los individuos que supuestamente han muerto (spoiler), más allá de las Ouijas u otros artefactos que se pueden fabricar en la propia casa de uno, me parece no ya una encomiable osadía, sino un ejercicio de imaginación lo suficientemente importante como para ser tenido en cuenta por aquellos que consideran a la Ciencia Ficción como un género menor o poco serio. Quizás sea porque me gusta mucho el género y en los últimos años he leido bastante de él, pero creo que es el género con el que más me identifico. Que los demás me consideren un friki por leer ese tipo de literatura no es más que el reflejo de la ignorancia de los demás y la cultura mainstream que estigmatiza a las élites intelectuales, entre las que por supuesto no me encuentro ni quiero pertenecer.

1 comentario:

  1. Fíjate si estará comenzando a ser obsesivo lo mío con este señor, que en las últimas fechas señaladas me han regalado dos libros de él: Nuestros amigos de Frolik 8 y Simulacra. Ambos prometen mucho, y espero que den tanto como la genial El hombre del castillo.

    Nos alegra mantenerte atado por aquí.

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