18 de febrero de 2011

Margarita, está linda la mar, de Sergio Ramírez

Me costó entrarle a la literatura de acá, lo reconozco. Había tanto que leer y no sabía por dónde empezar, y también, por qué no decirlo, algunas dificultades con el idioma. Parece mentira, pero a pesar de que hablamos el mismo idioma, las palabras, las expresiones y el tono no son los mismos. Prefería conocer un poco más el paisito, embeberme de su cultura y su historia, antes de emprender la aventura de leer algo de la literatura nicaragüense contemporánea. No hablo de Rubén Darío, al que me obligaron a leer en la asignatura de Literatura cuando estaba en el colegio, y al que le tomé un poco de manía como a todos aquellos autores que nos obligaban a leer. Mi contacto con los libros se limitaba a libros que me había traído de España, algunos libros de historia nicaragüense y una biografía de Sandino que alguien me regaló cuando trabajaba haciendo diagnóstico comunitario. Fue cuando terminé ese trabajo, y al celebrar con los compañeros, un amigo secreto que me dedicó la portada y por tanto dejó de ser secreto, me regaló un libro cuyo título me evocaba cierto poema de Rubén Darío que yo bien conocía. Y digo que yo bien conocía, porque cuando era pequeño, en el colegio y para una representación escolar nos hicieron recitar el poema “A Margarita Debayle”. Por aquel entonces no sabía que el poema era de Rubén Darío, ni tampoco que iba a vivir en Nicaragua, pero no tuve más remedio que aprendérmelo porque la nota me iba en ello. Después, en alguna ocasión, la he recitado bajo los efectos del alcohol, o para impresionar a otra Margarita, con la que me casé y por la que estoy aquí, en Nicaragua. “Eso es de Rubén Darío, que es un poeta nicaragüense”, me dijo. “Si tú lo dices…”, contesté.

Antes de meterme a comentar el libro, que por cierto, no he dicho cómo se titula, hablaré de su autor. Sergio Ramírez Mercado, al que ustedes conocerán por sus artículos en El País y en otros periódicos conocidos, fue vicepresidente de Nicaragua allá por los 80 durante la revolución, se salió del FSLN en el 96 y fundó el Movimiento de Renovación Sandinista. Se ha ido retirando de la política y es un famoso escritor con varios premios a sus espaldas.

El libro, se titula como el primer verso del poema antes mencionado, “Margarita, está linda la mar” y narra dos historias que están entrelazadas pero que ocurren en dos épocas diferentes del siglo XX en la ciudad de León. Una, en 1907, donde Rubén Darío regresa a su país natal para la celebración de un homenaje; y la otra, en 1956, año de la muerte del dictador Anastasio Somoza García a manos del poeta Rigoberto López Pérez, el cual formaba parte de una pequeña conspiración. Las dos historias, la que habla del regreso a Nicaragua del “Príncipe de las letras castellanas” y su posterior muerte a causa de una cirrosis; y la que nos relata la conspiración que conduce al asesinato de Somoza; son presentadas de forma alterna, ya sea desde la perspectiva uno de los personajes, el capitán Agustín Prío quien será uno de los conspiradores, o desde las notas sobre el pasado de Darío escritas por Rigoberto López Pérez, quien será finalmente el verdugo del general.

El autor nos va llevando, con un lenguaje preciosista en la mejor tradición modernista del propio poeta Félix Rubén García Sarmiento; por la historia de Nicaragua entrelazando pasado remoto y pasado, quizás, un poco más reciente, a partir del poema escrito en un abanico de una niña, como eje la ciudad de León y como telón de fondo la corrupción política, la intervención norteamericana y la violencia de la dictadura somocista.

En mi opinión, el libro se hace difícil de entender si uno no está acostumbrado al habla nicaragüense, sin embargo, poco a poco uno se va enganchando a unos personajes y a una trama que recuerdan a las mejores novelas latinoamericanas. Sin duda, este libro es una buena manera de acercarse a la literatura contemporánea nicaragüense y una invitación para leer más acerca de este autor.

16 de diciembre de 2010

En el 235º aniversario de Jean Austen

Hoy se cumplen 235 años desde que nació Jean Austen. Una escritora de cuyos libros decía Evelyn Waugh que eran perfectos para viajar en tren: mientras él se disponía a echar un sueñecito, dejaba la puerta del compartimento entre abierta con un libro de Jean Austen para que entrara aire fresco.

2 de diciembre de 2010

Pluja Constant, de Pau Miró

Pocas, muy pocas veces nos viene el teatro a visitar a este espacio. No será porque los destripadores no vayamos a este espectáculo que ya casi cuesta menos que una tarde de palomitas y cine y que, además, siempre promete cosas interesantes. O bien risas, o reflexiones o charlas nocturnas de regreso a casa. Por eso, porque vamos muchas veces, es importante hacer el esfuerzo de plasmar aquí trabajos teatrales tan bien hechos como “Pluja Constant”.

Esta obra está siendo representada en la sala La Villarroel de Barcelona, bajo la dirección de Pau Miró. El libreto es de Keith Huff y ha sido un éxito de taquilla en EE.UU. pasando a ser representada de Chicago a Los Ángeles o Broadway. Aquí nos llega sin cambios de ambientación o adaptaciones del libreto a la cultura local en tanto en cuanto la globalización del imaginario cultural americano nos hace comprensibles cualquiera de los elementos que se representan.

El género del thriller o de la novela negra al estilo americano no está muy plasmado en las tablas. No es habitual ver una obra de teatro sobre una historia de policías y que, a pesar de lo que se piensa sobre el arte teatral, represente la acción de una manera tan trepidante. En épocas del 3D y demás modernidades, poder disfrutar y encogerse en el asiento de impresión por una obra de teatro significa que alguien hace muy bien su trabajo.

Y más si se paran a pensar que sólo hay dos actores sobre el escenario. Joel Joan y Pere Ponce, dos conocidos de las cámaras de televisión, se plantan en la piel de los policías Danny y Joey, un italoamericano y un irlandés –los irlandeses no dejan nunca de ser irlandeses para pasar a ser americanos. Entre ellos dos nos cuentan la clásica historia de policías de barrios bajos de una ciudad norteamericana en decadencia, durante la década de los 70. Una historia de Starsky & Hutch.

Joey y Danny son dos niños hijos de inmigrantes que han crecido en los barrios pobres de Chicago. Allí traban una amistad que continúa hasta el momento en que nos presentan a los dos personajes, adultos, siendo compañeros en el cuerpo de policía de la ciudad. Joey –Pere Ponce-, irlandés, no tiene familia. Vive agarrado a la botella, desilusionado porque siempre le deniegan el ascenso a detective y a la sombra física de su compañero. Danny –Joel Joan- tiene mujer y dos hijos, una casa grande en donde ver la televisión con su familia, una manera poco ortodoxa de ejercer su profesión y el único problema de buscar una salida para la vida de su amigo Joey. A partir de aquí iremos entrando en una historia en donde se mezclan infidelidades, prostitución, drogas y un tiro perdido.

En la versión americana los actores que representaron la obra fueron Daniel Craig –Joey o Pere Ponce- y Hugh Jackman –Danny o Joel Joan. No sé hasta qué punto estos actores eran capaces de hacer sobre el escenario todo aquello que los dos actores catalanes hicieron durante la representación de anoche. La obra está contada a base de monólogos o pequeños diálogos entre los dos personajes. Ellos solos son capaces de contar la historia, de hacer que te imagines a todos los personajes, que, a pesar de que estés sentado en una silla escuchando cómo te cuentan una historia en pasado, saltes inquieto y te estremezcas ante las situaciones de tensión que nos representan.

Joel Joan, un actor que despierta tantas simpatías como odios, está estupendo. Siendo él mismo, es capaz de hacerte sentir el dolor a través del retorcimiento de su cuerpo, de comprobar cómo la podredumbre se va abriendo paso a través de su cuerpo. Pere Ponce está al mismo nivel o más que él. Dos actores complementarios que interpretan papeles distintos y que evolucionan durante la representación. Incluso, en un momento dado, son capaces de interpretar a dos voces una rock que deja en el peor lugar a muchos de los mal llamados artistas de la canción.

Más allá de la historia y de las excelentes representaciones de Ponce y Joan, la obra deja ese regusto amargo que llega tras la derrota. Una derrota que llega cuando el círculo de la vida se convierte en espiral descendente y el personaje se ve incapaz de ponerle freno a su caída. Algo que da tanto miedo porque todos estamos siempre muy cerca de ese abismo que nos refleja la historia. Lo que ocurre es que siempre encontramos escalones a los que agarrarnos en mitad de la caída, escalones que se pueden llamar familia, ahorros o seguridad social. Pluja Constant es la historia de dos manos que se agarran a varios escalones durante una caída, y la historia de cómo, uno a uno, con deferente carencia, éstos se rompen dejando al vacío como único testigo de la tragedia.

1 de diciembre de 2010

Harry, revisado, de Mark Sarvas

Antes de cruzar el Atlántico, las personas que me lo enviaron debieron pensar que con dicho título, el libro tendría algo que ver conmigo. Tras cinco años escribiendo bajo el mismo pseudónimo, aquellos que me han leído, o incluso quienes me conocen, me identifican más bajo el nombre de Harry, que por el mío propio o por el diminutivo. Sin duda, aquellos que me lo enviaron y según lo que me indicaban en la dedicatoria, pensaron en mí cuando lo vieron en la estantería de la librería. Un Harry, revisado, no puede hablar sino de una persona que se revisa continuamente, como tengo por costumbre hacer en mi blog personal. Con mis antecedentes y la casualidad del título del libro, supongo que fue el acicate que a mis queridos amigos les bastó para comprármelo y enviármelo a Nicaragua.

Ni que decir tiene, que tengo la mala costumbre de leerme los libros de una sentada. En este caso fueron dos días, porque no sé qué pasó, que tuve que dejar de leer, me fui a la cama y tuve que dejarlo para el día siguiente. A pesar de mis voracidad lectora, el libro se deja leer bastante bien e incluso podría afirmar que me lo hubiera leído en una tarde, si no fuera, como dije antes, porque tuve que dejar de leer.

Antes de empezar a leerlo, me tomé un rato para averiguar quien lo había escrito. Al parecer, su autor, Mark Sarvas es un bloggero muy famoso en los EEUU, y esta es su primera novela. Supongo que es el sueño de algunos bloggeros, el ver publicado en papel lo que uno escribe. Digo supongo, porque a veces he pensado escribir algo para que me lo publiquen, pero soy demasiado vago e inconstante para terminar un proyecto semejante, toda vez que voy de una idea a otra, tengo dificultades con los párrafos y cierta tendencia a repetirme. Parece que Marc Savas lo ha conseguido y se puso a escribir, supongo también que animado por el éxito de su blog, las suculentas ofertas de las editoriales ávidas de nuevos talentos v. 2.0 y algún que otro piropo de alguna groupie de los blogs. Para ser su primer intento, no le ha ido mal, pues ha sido traducido a varios idiomas y ha tenido buenas ventas. El caso es que se lee bien, es entretenido y tiene algo de humor negro.

Sobre la trama, decir que se trata de un tipo, de nombre Harry, que horas después del fallecimiento de su esposa, se pone a coquetear con una camarera. Harry, que quiere ligársela, sabe que siendo él mismo, no va a conseguir nada de nada, y se reinventa a sí mismo, siguiendo el modelo del Conde de Montecristo. Durante el transcurso de la novela, Harry va repasando la tormentosa relación con su esposa y definiendo la estrategia para conquistar a la camarera, lo cual le lleva a situaciones absurdas y rocambolescas. La vida anterior de Harry, basada en las mentiras que continuamente marcaron su relación conyugal, dará paso a una nueva vida que irá definiendo a través de su revisión y transformación en una nueva persona.

Puedo decir que en algunos momentos me identifiqué con el personaje y en otros momentos lo detesté profundamente por lo patético y mezquino que es. No obstante, si algo tiene de bueno Harry es que no se da por vencido y trata de cambiar todo aquello que le ha hecho infeliz en su anterior existencia.

Quien tenga curiosidad por saber qué le pasó a Harry y por qué está revisado, que se lo lea. Aquí siempre animamos a la lectura, aunque no nos haya gustado el libro, y en esta ocasión, sí que lo ha hecho. De nuevo, agradecer a mis queridos amigos el hacerme llegar este libro, que he disfrutado, a pesar de habérmelo leído de una sentada.

21 de noviembre de 2010

Jernigan, de David Gates

Escoger un libro por su contraportada. Todo el mundo sabe que esa técnica tiene un riesgo muy alto. Pero, a la hora de la verdad, todos lo hacemos. Es más, los hay incluso que eligen un libro por la portada adecuada. ¡Malditos editores con gusto! En este juego, los de Libros del Asteroide se llevan la palma. Portadas como la de Calle de la Estación, 120 hacen que te lances irremediablemente a su lectura. Además, cuando la historia acompaña, como en dicho libro de Leo Malet, todo parece perfecto.

Sin embargo, sea como sea, a veces no se acierta. O al menos no del todo. Eso pasa con Jernigan de David Gates. Este norteamericano de 67 años logró publicar a los 44 su primera novela y llegar con ella a ser finalista del Premio Pulitzer en 1991. La novela triunfó como un libro de personajes y de perdedores, dos cosas que están especialmente valoradas en la literatura norteamericana contemporánea. La manera de contar la historia de David Gates es adictiva, entretenida y de trazo ágil. Sin embargo, la historia no aguanta las expectativas que sobre él crearon.

Jernigan es el nombre del protagonista de esta historia de autodestrucción. Proveniente de un ámbito social y cultural elevado, tiene una relación especial con el alcohol que domina por completo su estado vital, así como dominó el de su esposa. Con el recuerdo de la tragedia familiar vivida por él y por su hijo, Jernigan se lanza a tratar de recuperar su vida de la única manera que sabe: no haciendo nada y esperando que todo se resuelva solo. Su inapetencia por su vida y su despreocupación por la de su hijo adolescente, Danny, y todo lo que rodea a éste parece que milagrosamente le está siendo recompensada al verse, de repente, reconvertido en un nuevo cabeza de familia. Sin embargo, Jernigan es alguien capaz de destruirse muchas veces seguidas y a un ritmo aún mayor del esperado.

Como se podrá observar, Jernigan es el arquetipo del personaje moderno de la literatura norteamericana de hoy día. Algo que funciona comercialmente muchas veces pero que literariamente es mucho más complejo. Sólo es un borracho, pero con un nivel cultural muy elevado que permite al autor demostrar cuantísimo nivel cultural tiene a través de la inclusión en el relato de diversas referencias a la cultura pop o literaria. Jernigan, el personaje, es sencillamente el medio que David Gates ha utilizado para poder pavonearse de toda aquella cultura que está en los márgenes de la masificación y que a él le encanta o simplemente le hace gracia. Y por lo que parece, funciona hasta el punto de que la editorial le ha abierto un My Space propio a la novela. Todas las críticas del libro son muy buenas, pero en realidad le cuesta pasar del aprobado.

Por lo demás, Jernigan es un borracho que, como tal, no es lo suficientemente cuerdo como para entender y afrontar que sus compañeros de relato –su hijo Danniel, su nueva pareja y la hija de ésta- tienen más problemas que él. Es un tipo –perdedor por naturaleza- que puede caer simpático al comienzo, pero que no aguanta el relato largo, convirtiéndose en un tedioso insoportable.

Como decimos, es un libro divertido que está bien contado, de una manera divertida, que provoca una adicción a su lectura lo suficientemente grande como para pelearle al sueño unos minutos más cada noche.

25 de octubre de 2010

Seis sospechosos, de Vikas Swarup

Salir del trance del primer éxito es una prueba que no todo el mundo sabe soportar. Cuando tenía apenas 11 años saqué un 10 en matemáticas, una disciplina que tradicionalmente, si es que se puede hablar de tradiciones cuando uno tiene sólo 11 años, no había sido la mía. Quizás porque de repente le encontré la lógica, quizás porque alguien me lo supo explicar bien o porque los astros se alinearon de forma especial. Fuera lo que fuera, el 10 en matemáticas, el primero, causó una presión insoportable ante el siguiente examen. Que la siguiente nota fuera un 8 supuso un golpe duro. La nota era buena, mejor que la media de los anteriores exámenes, pero la caída del cajón de la perfección hizo que me supiera a polvo. En cualquier caso, la presión de mantenerse en la excelencia había caído y con esa libertad me pude dedicar a estudiar como siempre y olvidarme de los astros.

Así pues puedo comprender lo que ha tenido que ser la escritura de Seis sospechosos para Vikas Swarup. Este diplomático indio no tiene por profesión la novela. Es más una afición, muy compartida históricamente por los miembros de la carrera diplomática, que terminó por granjearle un éxito y notoriedad mundiales. Con su primera novela Slumdog Millonare o ¿Quién quiere ser millonario?, recibió todo tipo de elogios. El éxito de la película basada en la novela hizo que se multiplicaran sus ventas. Y ante ese 10, Swarup continuó escribiendo.

Seis sospechosos es su segunda novela y tiene como protagonista, otra vez, a la India actual. Sí, los protagonistas son seis, como indica el título, pero Swarup ha querido enseñarnos todos los rincones de la India a través de ellos. Esta última frase, que podría ser el eslogan de cualquier documental de viajes de cierto atractivo, se convierte en la peor losa que le podrían poner a esta novela. Swarup se empeña en llevarnos a lugares y situaciones que fuerzan la historia de los seis sospechosos de manera poco natural. Uno tiene la sensación, mientras está leyendo, de que hay páginas y páginas en donde nos ha hecho perder el tiempo sólo para contarnos lo anecdótico. Como en un relato de cualquier iluminado solidario que al quedarse en paro decide irse a la India a encontrarse a sí mismo y te vuelve diciendo “son pobres pero tan buena gente”, Swarup se encarga de mostrarte que los pobres, muchas veces, no son imbéciles y que la pobreza, muchas veces, tiene varias caras. Poco interesante por manido y arquetípico, ya lo aviso.

Pero si queremos hacer una valoración total de Seis sospechosos estaremos obligados a ver más allá de estas torpezas propias de un escritor que, a pesar de la edad y a pesar del éxito de público inicial, está comenzando en esto de la novela. La historia que cuenta es una buena historia policíaca. Un hombre, rico, poderoso y corrupto, ha sido asesinado en su casa durante la celebración de una fiesta y la policía india ha detenido a seis personas que estaban presentes en la misma y que llevaban un arma. A partir de aquí, Swarup nos cuenta las historias de esos seis sospechosos de forma original y atractiva.

Por un lado contamos con un ladrón de móviles de los barrios pobres de la ciudad. Su relato está presentado en tiempo presente y en primera persona, como si estuviéramos dentro de su cabeza. El segundo sospechoso es el padre del asesinado. Este personaje es Ministro de Interior de un Estado indio, político corrupto y asesino por cuenta propia. Su relato está narrado a través de las conversaciones telefónicas que mantiene con diversos secuaces, jefes y demás personajes de la política y del Hampa indio. Y ya tenemos dos.

El personaje femenino de la trama es una de las estrellas de Bollywood, de quien sabremos a través de su diario. Como contrapunto, tenemos a un indígena de una pequeña isla del Índico, recién llegado al continente y absolutamente fascinado y deslumbrado por la civilización, cuya historia está narrada de manera clásica y correcta. Ya van cuatro.

Los dos últimos puestos de sospechosos se los reparten un americano que representa lo más profundo de Estados Unidos, tejano y paleto, que por una serie de casualidades llega a la India presto a comenzar una vida nueva –y cuyas expresiones campestres te harán llorar de risa- y un viejo secretario del ministerio indio, vicioso y perverso al que, por una serie de casualidades, se le ha introducido el espíritu de Ghandi ocasionándole problemas de personalidad.

Además, la novela está repartida en varios bloques de capítulos que la hacen emocionante. Por un lado están los capítulos de “Presentación” –que vendrían a ser los del tradicional “Planteamiento”. Luego se explican los “Móviles” de cada uno de los sospechosos, uno por uno –el “Nudo”. Y finalmente, el “Desenlace”, a través del cual se juegan con giros y contragiros y recontragiros poco esperados hasta el definitivo final.

A pesar de la dilapidante crítica de la novela que se ha hecho al comienzo de esta entrada, el libro de Swarup es recomendable, en especial para quienes gusten de novelas policiacas al uso. Si decepciona un poco es, sencillamente, porque sabemos positivamente que de haber cuidado un poco mejor detalles del relato que son absolutamente innecesarios, el regusto final de su lectura habría sido bien diferente. Tal y como está, uno termina la lectura pensando que en ocasiones ha tenido que hacer un esfuerzo excesivo para los premios que te ofrece al final. Pero, sea como sea, se disfruta y, al acabar la lectura de cada uno de los móviles, el juego de pensar cómo y quién ha podido asesinar al muerto se hace realmente divertido –que es lo mínimo que se le puede pedir a una novela policiaca.

Quizás no sea un libro para obtener un 10, como obtuvo en ventas y aceptación su primera novela, pero Seis sospechosos es un libro de entre 6 y 7, justo por encima de la media de otros que fueron escritos por profesionales de la literatura. Lo que no está mal para un diplomático.

20 de octubre de 2010

La piel fría, de Albert Sánchez Piñol

Existen libros a los que resulta complicado acercarse precisamente por todos los elogios que se han escuchado sobre ellos. “El corazón de las tinieblas catalán”, le llamaban. Un libro de aventuras capaz de soslayar la moral puritana y complaciente de la mentalidad occidental de comienzos del siglo XXI. Y cosas por el estilo. Pero, además, los susurros sobre libros que a todos nos llegan decían que La piel fría, de Albert Sánchez Piñol, era un relato emocionante, terrorífico e impactante que te dejaba pegado a la silla desde el primer momento. Demasiados elogios para atreverse con él así como así. Demasiadas decepciones anteriores como para soportar una nueva. Y así, acumulando miedo sobre la decepción, el ejemplar de La piel fría se fue haciendo más y más pequeño dentro de la estantería. Fue perdiendo peso rápidamente a favor de otras lecturas que prometían menos y de las que, por tanto, su decepción iba a ser menor.

Pero como siempre en esta vida, al final uno termina por decidirse, dejar de mirar a aquella morena que se sienta en la cuarta fila de clase de Etnología Regional -por ejemplo- y acercarse a decirle al oído lo que durante meses llevas pensando que le dirías de tener el valor suficiente. Puede que te suelte el bofetón. Puede que no te haga caso. O puede, incluso, que te cuente un relato emocionante, una fábula moral y psicológica que te tenga varias semanas después aún pensando en ella. Sánchez Piñol es esa morena.

La piel fría, premio Ojo crítico de RNE, comienza con un oficial atmosférico llegando en barco a una remota isla del Atlántico Sur. La isla, en forma de L y de apenas unos kilómetros cuadrados, no está habitada y sólo cuenta con dos construcciones: un faro construido en una de las puntas y una casa habilitada para el técnico, en la otra. El técnico ha llegado para pasar un año entero de trabajo en solitario midiendo la intensidad y dirección del viento en una época en la que no existen ni ordenadores ni teléfonos. Es un trabajo para alguien que huye de algo y que no tiene miedo de sí mismo.

Sin embargo los acontecimientos se precipitan. El técnico deberá compartir la isla con un habitante del faro, huraño y poco dado al diálogo. Y además también deberá sobrevivir a ellos.

Este ellos constituye el verdadero tema de la novela. Son muchos, más de los que jamás nadie hubiera podido imaginar, y tienen motivos inexplicables. Bárbaros y salvajes unas veces, lógicos cartesianos otras, no dejan de insistir en sus empeños contra estos dos habitantes extraños de la isla. No conceden un solo descanso a la mente del técnico, quien intenta interpretar la realidad con todos los principios que le entraron en el baúl de equipaje.

Sánchez Piñol es antropólogo y conocedor de la realidad africana a través del Centre d’Estudis Africans de Barcelona. Las simetrías entre la conquista de la isla por estos dos personajes y la colonización de África o los discursos del encuentro colonial y el barbarismo son evidentes. Existen muchos puntos de reflexión sobre la interpretación del otro –o en este caso del ellos- a través de puntos de vista europeos. Es por este motivo por lo que se compara la novela con la genial obra de Conrad. El técnico atmosférico sería el equivalente al personaje de Conrad llamado Marlow, mientras que en el arisco farero se pueden encontrar rasgos de un Kurtz alejado hace tanto de la civilización que es incapaz de volver a pensar como ella.

Evidentemente la obra de Sánchez Piñol ni es una copia de la de Conrad ni tiene la envergadura de ésta. Sin embargo, a la disquisición moral y de encuentro que le son comunes a las dos, La piel fría añade un componente humano de deseo, miedo y venganza. Esta fábula nos pone en el pellejo del técnico atmosférico y nos hace comprender los giros, al comienzo tan absolutamente impensables y sorprendentes, que su mente termina dando, enseñándonos cómo el deseo es el arma más potente que existe, el que abre guerras, continua luchas y no concede ningún respiro a la mente.

Al terminar la lectura, una lectura que ya aviso es difícil abandonar, las imágenes de terror, ternura y las discusiones morales que nos ha proporcionado el libro son difíciles de olvidar. Resulta complicado hablar más de este emocionante relato sin descifrar nada más de la emocionante trama, por eso tan sólo añadiremos que nunca volveremos a mirar con los mismos ojos una gatera [glups]. Que la disfruten.

21 de septiembre de 2010

José Antonio Labordeta, 1935-2010


El pasado domingo 19 de Septiembre fallecía José Antonio Labordeta, cantautor, periodista, escritor y reputado político. Fue un aragonés capaz de pensar el tradicionalismo desde una postura de izquierdas. Fue un periodista capaz de agarrarse a la España rural antes de que existiera todo eso que llaman turismo rural. Fue alguien con dignidad, luchador que se negó a perder porque ya perteneciera al bando perdedor. DEP.




24 de agosto de 2010

Todo está iluminado, de Jonathan Safran Foer

De vez en cuando, y a trompicones, la literatura va cambiando. Muchas de esas veces, los nuevos autores que proponen formas diferentes de expresión literaria o novedosas maneras de estructura narrativa son incomprendidos y vilipendiados por sus coetáneos para, en el momento de triunfar, ser adulados por las mismas bocas. Eso no pasará con Jonathan Safran Foer.

Cuando escribió Todo está iluminado en 2002 apenas contaba con 25 años y le sobrevino el éxito de crítica –premios National Jewish Book Award y Guardian First Book Award- y público. Algo inusual para un libro en donde la manera de contar la historia no es tradicional, aunque sí que se rige por el continuo planteamiento-nudo-desenlace. Más tarde, en 2005, se rodó una película, que ya veremos si veremos. De manera que contamos con un joven prodigio de la literatura, estadounidense de origen judío –como si eso resumiera su única historia- y cuyo primer libro se extiende rápidamente por las estanterías de toda librería que se precie.

Todo está iluminado trata la persistente historia de la represión nazi del pueblo judío. Meterse con un tema tan manido tiene de malo que hay que saber enfocarlo para aportar algo verdaderamente diferente. Pero también tiene de bueno que el autor no necesita ser capaz de montar la escena perfectamente para que el lector sienta el terror, la desesperación o la esperanza en cualquier momento. Miles de películas y libros nos han tatuado a fuego los estereotipos de esta clase de historia y las imágenes de los buenos, los malos y los que pasaban por ahí.

Esta historia es una historia de buenos. Safran Foer nos lleva al corazón de Ucrania, se utiliza a sí mismo como uno de los personajes principales del libro y se sitúa como provocador de toda la historia que se irá desencadenando. Nieto de judíos que huyeron del nazismo llegando a Estados Unidos en uno de los convoyes de salvación, Safran Foer decide investigar la vida de su abuelo en Ucrania, los días en que se salvó de la persecución nazi y que nunca le pudo contar, pues murió cuando apenas había pisado suelo americano. Su abuela, que cuando perdió a su marido ya estaba embarazada de su madre, no ha hablado jamás de la historia del abuelo, y eso le provoca la curiosidad por encontrar a una persona, Agustine, una mujer de la que sólo tiene una fotografía de hace 50 años y un dato: fue quien salvó a su abuelo.

En Ucrania, Jonathan se encontrará con los otros dos personajes que dominan el libro. Como no sabe moverse por este país, contrata los servicios de una agencia de viajes que se encarga de buscar las pistas del pasado judío y ayudar a las personas a reconstruir su historia familiar. Como buen negocio del Este improvisado, todo es un desastre y, lejos de encontrar a los profesionales que cabría esperar, Jonathan se topa con Alex, un universitario ucraniano que habla inglés de una particular manera, y su abuelo Alex, un viejo malhumorado ucraniano, que dice que está ciego pero que hace las veces de conductor.

Esta será la historia principal, la de la búsqueda por parte de este trío de Agustine. En apenas un par de noches, el grupo de tres andará buscando sus pasos con la única pista que han podido encontrar: el nombre del shtetl en el que nació su padre es Trachimbrod.

Intercalada con esta historia, encontramos la del propio pueblo de Trachimbrod o, más concretamente, la de la comunidad judía del pueblo. Nos situarán en pleno siglo XVIII, pero no será una historia al uso. La manera de contárnosla, llena de personajes hilarantes y de curiosísimas situaciones que van modificando los usos y costumbres de la gente que allí vive vuelven loco al lector y, en ocasiones, le harán partirse de risa. Hombres que, por mucho que o intentan, no pueden perder cierta nota en la que está escrito su recuerdo más doloroso. Congregaciones judías separadas y escindidas por un simple problema de planos verticales y horizontales en donde creen que han de rezar. En definitiva, historias con interés y que merecen ser leídas y que avanzan irremediablemente hasta los tiempos del abuelo de Jonathan.

El entrecruzamiento de estas dos historias irá desgajando momentos de humor, como decimos, al tiempo que se entrevén las diferentes tragedias que Safran Foer nos quiere relatar. Es un juego un tanto elaborado que, en ocasiones, provoca el aburrimiento en el lector pero que no permite que éste pierda un ápice de interés por la historia.

Pero, como venimos señalando, el libro no se queda sólo en sus historias. La forma de contarnos éstas es una de las cosas que en ocasiones despista y en ocasiones asombra. La búsqueda de Trachimbrod está contada a través de las cartas que Alex, el nieto, escribe a Jonathan meses después de que haya ocurrido todo y de un relato de dichos acontecimientos que Alex está escribiendo. El inglés de Alex –y en la traducción que yo leí, el castellano- es particularmente extraño, utilizando palabras que no corresponden pero que, sin embargo, hacen que el lector sea capaz de entender lo que quiere decir. Este juego es muy divertido y hace de Alex un tipo con más interés del que cabría esperar.

Por el contrario, la historia de Trachimbrod está contada a través de un relato que el propio Jonathan –el personaje de la novela- comparte con Alex. Éste goza de una escritura más formal y habitual en cualquier relato aunque, cada cierto tiempo, la forma de narrar gira por unos derroteros que el lector no comprende y que denotan cierta pretensión por escribir diferente sólo por el mero hecho de hacerlo. Poco justificable, en definitiva.

Sin embargo, y a pesar del sabor agridulce que el libro nos deja –por su estructura y por su historia- , merece la pena que se le eche un vistazo y se le recomiende, como hacemos aquí. Dicen por ahí que su segundo libro Tan fuerte, tan cerca, aún teniendo todo este tipo de estructuras narrativas poco habituales, se hace mucho más intenso y conmueve más al lector. No nos cabe duda de que el segundo será mejor que el primero, y el tercero que el segundo, y así sucesivamente, pues Jonathan Safran Foer, al acabar la lectura de su libro, se muestra como un escritor interesante al que seguir hacia donde nos quiera llevar. Alguien con historias que contar y capacidad para hacerlo de manera interesante e inteligente.

13 de mayo de 2010

Antonio Ozores, 1928-2010

Ayer, 12 de Mayo de 2010, falleció otro de los grandes actores del cine español. De familia de actores, directores y autores teatrales, Antonio Ozores completó una carrera de luces y sombras que, sin duda, fue reflejo de la historia del cine y de la sociedad española. Sin embargo, ante todo se impuso su facultad cómica y la capacidad para hacer humor absurdo tan propia de él y de uno de sus inseparables amigos: Tip.

Le echaremos de menos, aunque siempre nos quedarán sus entrevistas y sus grandes momentos cinematográficos que calaron en el habla popular. ¿Quién no ha dicho alguna vez: ¡No hija no!?