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16 de diciembre de 2010

En el 235º aniversario de Jean Austen

Hoy se cumplen 235 años desde que nació Jean Austen. Una escritora de cuyos libros decía Evelyn Waugh que eran perfectos para viajar en tren: mientras él se disponía a echar un sueñecito, dejaba la puerta del compartimento entre abierta con un libro de Jean Austen para que entrara aire fresco.

18 de enero de 2009

Poe, el hombre sin suerte


Por Miguel Sánchez-Ostiz [Leído el 17 de enero de 2008 en ABCD]

Las sepulturas de Edgar Allan Poe (Boston, 19 de enero de 1809-Baltimore, 7 de octubre de 1849), casi más que sus casas convertidas en museos, son lugares muy visitados y no hay peregrino literario que resista la tentación de llevarse del lugar una reliquia, a ser posible una hoja otoñal. La realidad: un vacío en una y los restos de su enigma en la otra. Su secreto se fue con él, al menos el de su muerte.

En Poe hay una bibliografía muy precisa, una obra sólida, construida con auténtico poder inventivo, una cierta testarudez; y también hay una leyenda basada en los avatares de una vida que sostiene su obra, de la que es prueba la estupenda biografía que le dedicó Georges Walter, Edgar Allan Poe, poeta americano (1995). Vida y obra siguen siendo muy atractivas, poseen un halo de misterio y mala estrella, más incluso que de un malditismo a su pesar, fruto de la infame leyenda aceptada con gusto por el público. Poe tuvo mala suerte, esa mala suerte cuya existencia solo niegan los que tienen el bolsillo caliente y cuando les conviene. Baudelaire decía que llevaba la palabra cenizo escrita en los pliegues de su frente. Y junto a la mala suerte, una impericia vital llamativa, como si todos sus pasos estuviesen marcados por el sendero de la ruina y la indigencia. Algo que el propio Poe analizó en un relato sobre la esencia de la infelicidad, la culpa, esa lepra: El demonio de la perversidad (1845). Son apenas tres páginas, pero también una puerta a las trastiendas de su vida y al soporte de su obra.

Palos de ciego. Todo en sus avatares biográficos contribuye a levantar esa leyenda: su muerte enigmática, más enigmática cuanto más se escribe sobre ella; las calumnias del temible rufián de las letras Griswold, que se convertiría en su albacea y se adueñaría de sus derechos de autor; sus relaciones afectivas complicadas, condenadas a la insatisfacción; sus conflictos con el medio y su peculiar situación familiar, dentro y fuera de una colorista y en el fondo sombría familia; su sucesión de palos de ciego profesionales -Poe, poeta, quiso, hacia 1830, ser escritor profesional y ganarse la vida con ello en una sociedad poco receptiva a esa clase de oficios-; su inadaptación académica -aunque adquiriera conocimientos sólidos-; su tentativa militar (para huir de la indigencia); sus empresas ruinosas, sus viajes a ninguna parte, en pos de su sombra, y sus viajes imaginarios, los de quien siente la necesidad imperiosa de huir...

Y sobre esos avatares, Poe construyó con ahínco una obra sólida que, al menos por lo que respecta a los relatos, carece de las arrugas que podrían haberlos relegado al anaquel del anacronismo polvoriento. Les salva la dicción y el esfuerzo creativo, el genio. Fue Baudelaire, en sus traducciones de Poe (Levy, 1856), dedicadas a la suegra del poeta, quien señaló que ningún escritor había narrado con más magia las «excepciones» de la vida humana, el absurdo dominando la realidad de la razón y la lógica, la histeria usurpando el lugar de la voluntad.

Decir Poe es decir misterio, sorpresa asegurada, miedo, crimen, pesquisa (Auguste Dupin en Los crímenes de la calle Morgue con o sin el rostro de Bela Lugosi), penumbras de la conciencia, luz atufante de gas; lo que es extraordinario e indefinible -«Hay ciertos secretos que no se dejan expresar»-, que será uno de los motivos recurrentes de Lovecraft, aquello que es algo más que una sospecha y pertenece al dominio de la noche (no siempre vencida por la luz eléctrica, esa enemiga del misterio y de la vida truculenta). Poe nos seduce con los terrores más comunes -el de ser enterrado vivo, por ejemplo-, con las casas insondables, con la locura, con el crimen impune, con la culpa que empuja a la confesión, con lo que, siendo improbable, nos arrebata en una jiga macabra. Para danza de la muerte, la suya.

Mientras Borges convenía con Bioy que El cuervo era uno de los peores poemas que habían leído, volvían una y otra vez a los rincones de sus relatos, no porque fueran escalofriantes, sino porque reunían esos valores señalados por Baudelaire, porque en ellos el detalle que puede pasar inadvertido es una chirriante puerta a otra estancia oscura llena de misterio: La verdad sobre el caso del señor Valdemar, La caída de la casa Usher o El hombre de la multitud, ese extraño flâneur que es el hombre de la multitud, que no puede estar solo y que, para su reposo del anonimato, necesita de la confusión de ser nadie entre muchos en una calles de Londres hechas espejo de tinta.

A bordo del «Grampus». Quien haya sentido el asombro primero de La barrica de amontillado o El gato negro, temblado con el péndulo o viajado a bordo del Grampus, junto a Arthur Gordon Pym, relato en el que Poe se hizo eco de algunas leyendas de los mares del Sur, habituales en las costas de Baltimore -como la del barco fantasma tripulado por cadáveres-, es posible que no lo olvide jamás en su vida de lector y que tarde o temprano regrese para dejarse seducir por el secreto de las postrimerías, que diría Juan Perucho, a quien los relatos de Poe encendían el entusiasmo.

Poe fue un seductor, de lectores, de artistas -Aubrey Beardsley, Gustave Doré, Dante Gabriel Rosetti- y de otros escritores que se vieron espoleados por su imaginación macabra, como nuestro Alarcón en El clavo; como Lovecraft, por supuesto.

Al final, en otro siglo, Poe se nos presenta como un acabado ejemplo del escritor que se debate contra las sombras de su imaginación y de su conciencia, contra su destino oscuro; y como un soñador furioso de mundos inquietantes y un poeta visionario que acaba contagiando sus visiones sin necesidad de láudano. Sus miedos son los nuestros; su necesidad de viajar al más allá que se dibuja en el aire de nuestra inquietud, la nuestra. A Poe nada le bastaba; su realidad no es que fuera insuficiente, sino que, inabarcable, se regía por sus propias normas, más allá de la muerte, en su frontera. Su propósito fue llegar al abismo, descender en su maelström, y regresar, como Arthur Gordon Pym, para contárnoslo.


19 de agosto de 2007

Cosas que le dirías a Groucho Marx


Por Maruja Torres

El genio con bigote y puro murió hoy hace 30 años. Cuatro humoristas y una columnista se embarcan en un ejercicio de telepatía con el maestro del humor.

Uno de mis sueños predilectos es aquél en el que tú y yo, con pantuflas, nos sentamos en el sofá para ver TVE Internacional. En mi sueño, tú comentas el programa dedicado a glosar los bellos parajes de nuestra geografía, pero tampoco desdeñamos los espacios de cocina, ni los de bailes regionales. Tú agarras el sulfúrico y vas sirviéndome una copa tras otra. Después de eso me sueltas ("perdonen que no me levante" es un epitafio que se le ha atribuido falsamente) la frase que realmente pronunciaste: "Perdone, señora, que no me levante". Y quiero creer que te tengo debajo, muertos los dos de la risa.


ANDREU BUENAFUENTE

Todo cómico que se sienta orgulloso de serlo y quiera acceder a tu sabiduría, la del más grande, ácrata y singular del pasado siglo, debe leer Hola y adiós, de Charlotte Chandler. En él encontrará el pensamiento de los últimos años de tu vida, recogido por una periodista que fue para una entrevista y se quedó seis años. Así es como registró tu pensamiento crepuscular y sincero, tu oficio y sorna, genial bigotudo con puro. Te adelantaste a tu tiempo. Llegaste tarde al cine, pero todavía tuviste tiempo de romper todos los esquemas con un estilo surrealista e incómodo. Te resultaba imposible repetir la misma toma igual. La creatividad y la provocación te estallaban en las manos. Pura comedia. Te formaste en el vodevil empujado por una madre dominante y acabaste en la televisión con un concurso, Apueste su vida, que sirvió para meterte a todo el país en el bolsillo. Eres mi cómico de cabecera. Y no tan sólo por las películas, donde sobran las canciones y las historias de amor, sino más bien por tus artículos, tus libros, tu postura ante la vida (lo perdiste todo en el crack del veintinueve) y tu viaje descreído desde la miseria de una familia de emigrantes alemanes al olimpo de un Hollywood decadente. Dicen que eras mal padre y un amante inconstante e infiel. Perseguías a las coristas, desafiabas a los grandes estudios y buscabas la aceptación de los intelectuales de la época. La conseguiste. Tus contemporáneos comprendieron que aquel actor que caminaba encorvado, encerraba más sabiduría que todos ellos juntos. Te moriste a los 86 y lo más seguro es que estés descojonándote de nosotros y esa tendencia innata que atesoramos de empeorar cada día un poco más las cosas. Una de tus sentencias más memorables: "Detrás de un gran hombre siempre está su mujer y, detrás, su esposa". ¡Viva el maestro! (Esta carta la entendería un niño de cinco años. "¡Que traigan a un niño de cinco años!").


JOAQUÍN REYES

Si me preguntaran quién me gustaría ser -si no fuera yo, obviamente-, diría que Rupert Murdoch. Si me especificaran que qué cómico me gustaría ser, diría que tú. Por socarrón, absurdo, charlatán y, sobre todo, divertidísimo. Además, tú y tus hermanos conectáis irremediablemente con mi infancia, y eso os hace todavía mejores, porque antes, niños y niñas, en la televisión echaban películas de los hermanos Marx. ¿Qué locura, verdad? Una recomendación para los que quieran morirse de risa contigo: Groucho y chico abogados. Son los guiones del serial radiofónico que hicisteis para la NBC, de los que un crítico de la época dijo: "La mayoría de los capítulos apenas son digeribles para el consumo humano".


JAVIER CANSADO

Hola, Groucho Marx. Me llamo Javier Cansado y me dedico al humor. Cuando era pequeño y veía vuestras películas no me reía y sin embargo sí me reía con Bigote Arrocet, creo que por eso ahora practico el humor absurdo como hacíais tú y tus hermanos... Bueno tú menos, yo creo que el surrealista del grupo era Chico, tú eras más de la ironía y practicabas el absurdo más bien cuando dialogabas con Chico, "la parte contratante". Te juro que me encantas, pero te prometo que mi favorito es Chico. Un beso grande.


JUAN CARLOS ORTEGA

Groucho, criticarte es imperdonable, pero es todavía peor hacerte un homenaje. Siempre que lo hacemos termina convirtiéndose todo en una competición. Si eres humorista tienes que elogiar a Groucho (es uno de los mandamientos), y cuanto más te elogiemos mejores humoristas pareceremos. Y para conseguirlo, podemos hacer lo siguiente: hablar de nuestra infancia, de cuando te vimos en una peli por primera vez, y de la emoción intensa que nos provocó el feliz descubrimiento de tu absurdo. Luego diremos que tú y tus hermanos erais más sabios que los filósofos y más profundos que los poetas. En ese punto es probable que se nos escape la frase más idiota del mundo: "El humor de Groucho era una cosa muy seria", y entonces ya estará todo irremediablemente perdido, porque hablar en serio sobre ti es tan cruel como hablar en broma sobre la muerte de un niño. Lo único decente que se me ocurre decirte es que contigo me he partido siempre el culo de risa, y estoy seguro de que eso es lo único que pretendías.


Cosas que dijo Groucho Marx

Las películas, cartas y libros de Julius Henry Marx o Groucho Marx (Nueva York, 1890-Los Ángeles, 1977) constituyen una ingente, audaz y desternillante fuente de citas y frases. En la Red, por ejemplo en Wikiquote (http://es.wikiquote.org), se encuentran algunas de las más memorables: "Ésos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros"; "Bebo para hacer interesantes a los demás" o "Nunca olvido una cara, pero en tu caso haré una excepción". Uno de los mejores libros sobre Groucho es el que reúne las cartas que él envió y recibió a lo largo de su vida: Las cartas de Groucho, en Anagrama, 1998. Una selección:

- "... Yo nací durante una erupción volcánica en uno de los países de plátanos de la América Central. No recuerdo en cuál, no recuerdo siquiera los plátanos y apenas recuerdo los troncos". Carta a la revista Time, el 11 de abril de 1946.

- [A T. S. Eliot, al recibir una fotografía del escritor que él mismo le había enviado a Groucho]: "No sabía que fuese usted tan atractivo. El hecho de que no le hayan ofrecido el papel de protagonista en alguna película sexy sólo puedo atribuirlo a la estupidez de los directores de reparto". En una carta anterior, Eliot le decía a Groucho: "Tiene que saber que es usted mi más codiciada pin-up".

- [A su sobrina Minnie Marx, después de que ella le anuncie que va a casarse]: "Me has engañado de verdad. Siempre tuve la idea de que al final te casarías con un caballo. Sin embargo, pensándolo bien, me doy cuenta de que no hubiese funcionado" (16 de octubre de 1964).

- [A Brooks Atkinson, crítico de The New York Times]: "Ya te dije aquella noche en el teatro que había más cosas en la televisión aparte de los chistes gastados y de las películas añejas. Si tomas ese monstruo en dosis moderadas, puedes aprender cómo quitarte el pelo de las piernas sin navaja; cómo ablandar la carne sin hormigonera; cómo resultar fascinante a tu amiga sin afrodisiacos; qué clase de cerveza es más espumosa; qué marca de cigarrillos no te producirá nunca cáncer, etcétera. Además de todo ello, como sedante no tiene igual" (8 de diciembre de 1953).

- [A Arthur Sheekman, amigo y guionista de Sopa de ganso]: "He recibido las cartas y el cheque. Esta vez guardaré el cheque e ingresaré las cartas. ¡No voy a correr riesgos! Esta última frase, espero que lo hayas advertido, era del tipo de chiste en el que se toman simplemente dos términos y se entremezclan. Esto constituye una rutina muy divertida que te deja sin chiste alguno, lo que tampoco está mal" (1 de julio de 1940).

- [A Elaine Tynan, esposa de un crítico de teatro y admiradora de Groucho]: "Le mando una foto mía de cuando tenía siete años. Probablemente se preguntará: '¿Por qué el puro?'. Es una pregunta muy buena. En realidad, el puro es falso. Lo mismo que el bigote y, para decir las cosas como son, lo mismo que yo" (20 de noviembre de 1959).

22 de mayo de 2007

Georges Remi, el padre de Tintín

[Publicado en El Mundo, 22 de Mayo de 2007]

Por Eduardo Suárez

No sabe envejecer. A punto de cumplir los 70 e irremediablemente huérfano de padre, el reportero más famoso del mundo despide el mismo halo de juventud que en sus primeros viajes. Audaz e inteligente y sin embargo cándido, Tintín sobrevive aún hoy a los guardianes de la corrección política, que lo persiguen sin descanso por su ideario conservador, sus invectivas anticomunistas o su misoginia latente. No importa. Tintín resiste impasible todos los embates, inmune a los sambenitos que le cuelgan y poseedor de una cierta aura inmortal.

Cada año se compran en el mundo tres millones de álbumes de Tintín traducidos a 58 idiomas, entre ellos el vietnamita, el alsaciano, el tailandés y hasta el latín. Según los cálculos de la Fundación Hergé, las ventas totales rondan los 200 millones de ejemplares, sin contar parodias, libros piratas y objetos publicitarios. Las aventuras del joven reportero han inspirado dos filmes con actores de carne y hueso, decenas de historietas de dibujos animados y hasta un debate parlamentario en Francia que intentó desentrañar la compleja ideología política del personaje.

Si uno fuera adentrándose en el secreto del éxito de Tintín, éste le llevaría a Bruselas, a las páginas emborronadas y garabateadas de los libros de texto de un niño rubio y desgarbado. Se llama Georges Remi —de sus iniciales, leídas al revés y en francés, saldría años más tarde su nombre artístico— y estudia con los curas en San Bonifacio. No es un buen estudiante, pero sí un excelente 'scout'. Conscientes de sus cualidades, sus padres le llevan a una academia de dibujo, pero huye despavorido cuando el profesor le pone a dibujar un capitel corintio.

Aquello no es para él. Pronto prefiere dejar el colegio y buscar un hueco de chico para todo en 'Le Vingtième Siècle', un diario ultraconservador fundado y dirigido por el sacerdote Norbert Wallez, de cuya secretaria enseguida se enamora. Se llama Germaine y será su primera esposa.

Wallez encarga en 1929 a aquel jovenzuelo elaborar el suplemento infantil del periódico. Al principio se dedica a ilustrar guiones sin gracia de un redactor de deportes, pero harto de ellos un día garabatea sobre un papel dos personajes: un hombrecillo rubio con un mechón indómito y un foxterrier blanco y altivo. Acaba de nacer el personaje de cómic más famoso de Europa.

Como todos los periodistas que en el mundo han sido, al principio Tintín no viaja donde quiere sino donde su director le deja. Wallez envía a su reportero primero a denunciar los desmanes de la Unión Soviética y luego al Congo, a cantar las bondades del colonialismo belga. Pronto llega la guerra y todo se complica. Los nazis invaden Bélgica y cierran el periódico. Hergé comete el error de refugiarse en 'Le Soir', un diario convertido durante la ocupación en un panfleto nazi. Muchos nunca se lo perdonarían.

Acabada la guerra, Hergé se queda en el paro, perseguido por las denuncias de colaboracionismo. Peor aún: los diarios de la resistencia lo ridiculizan. Sin embargo, la fama de Tintín logra para su creador un indulto social inimaginable. Con la ayuda del editor Raymond Leblanc, sus historietas resucitan en 1946 dentro de la revista 'Tintín'. Es entonces cuando llega la edad de oro de Hergé, que elabora sus mejores historias y crea sus propios estudios, rodeado de una docena de colaboradores que le ayudan a confeccionar los álbumes y a colorearlos. Entre ellos se halla Fanny Rodwell, que pronto será su segunda esposa.

El divorcio significará para el católico Hergé una profunda crisis. Durante años atraviesa un desierto de pesadillas y remordimientos que desembocará en la creación de 'Tintín en el Tíbet', un álbum plagado de parajes oníricos y tonos blancos en el que muchos especialistas ven un retrato de su propio calvario.

A partir de ese momento, los homenajes se suceden. En 1976, se inaugura la célebre estatua de Tintín y Milú en Bruselas y en 1982 la Sociedad Astronómica Belga bautiza un planeta con su nombre. Hergé fallece de leucemia el 3 de marzo de 1983. Hasta los últimos días de su vida garabatea con ansiedad sobre las páginas de 'Tintín y el Arte Alfa', la que será para siempre su obra inacabada (Imagen que se encuentra a la derecha de estas líneas).

23 de enero de 2007

18 años sin un genio

Dalí

La comunicación es un arte complejo que en las manos de un genio, que se expresaba en todas las facetas, alcanza niveles extraordinarios. Pintura, bigote velezquiano, música, autoplagio, cine, un miserable anuncio publicitario por una buena suma, espectáculos que buscaban la relevancia con toda intención, joyero… provocación y surrealismo. Una vida consagrada a la exhibición de sí mismo y de su arte, que en suma era lo mismo.

Multidisciplinar en su actividad. Buena culpa de ello lo tenían las amistades que se procuró y la de los que se procuraron tenerla. En la Residencia de Estudiantes con otros genios a su altura como Lorca o Buñuel (“El perro andaluz”, se realizó con participación de Dali en el guión), al tiempo en el que se le quedaba pequeña la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Viajó a Paris donde conoció a Picasso (la imagen que aparece en esta entrada es un retrato que realizó en 1947) de la mano de Joan Miró. O el repudió de André Bretón (padre del surrealismo) a Dalí por sus ideas fascistas. Porque políticamente, revoloteó por todo tipo de exotismos hasta convertirse en el niño mimado de una España gris que deseaba dar un cierto empaque a su capacidad artística.

Una de esas joyas que nos dejó Dali, fruto de la colaboración con campos ajenos a la pintura, además del inmortal envoltorio de Chupa-Chups, fue un puñado de segundos de un cortometraje que Disney le encargó en 1946. “Destino” debía tener una duración de seis minutos, inspirada en la canción del mismo título de Armando Domínguez. La Disney, en el año 2003, tomando la historia original y las indicaciones de Dali, terminó el trabajo iniciado por el artista. Perdonen la calidad, pero es que no hay nada mejor, y la excusa lo merece.